Pacientes y cuidadores

Mi proceso

Información sobre el cáncer, su diagnóstico, los tratamientos y los cuidados durante todo el proceso oncológico.

¿Qué es el cáncer?

El cáncer es un término que abarca un amplio grupo de enfermedades que se caracterizan por la transformación de las células del organismo en células tumorales, las cuales se caracterizan por reproducirse de forma descontrolada y poder migrar a otros órganos del cuerpo diferentes al de origen. El proceso por el cuál las células se transforman a células tumorales puede ocasionarse por diferentes factores externos (ambientales) como internos (genéticos), que provocan un daño en el ADN de las células afectando a sus mecanismos de control del crecimiento celular y, por tanto, adquiriendo la capacidad de dividirse sin control. Este proceso puede originarse en cualquier tejido, lo que determinará el tipo de cáncer.

La capacidad de las células tumorales de invadir otros tejidos u órganos se debe a que pueden diseminarse a través del torrente sanguíneo o linfático, dando lugar a siembras tumorales o metástasis en otros tejidos diferentes a los de origen.

El estadio tumoral del cáncer indica la extensión en la que se encuentra el tumor en una clasificación del 0 al IV. Cada tipo de cáncer, puede tener una velocidad de crecimiento o un patrón de infiltración o diseminación a otros órganos diferente, así como diferente tipo de respuesta al tratamiento. Por ello, los tratamientos oncológicos serán pautados por el equipo médico en función del tipo y estadio del tumor, así como las características del paciente y sus preferencias.

Fases del cáncer (Etapa 0 a IV)

Según las estimaciones de la Red Española de Registros de Cáncer (REDECAN), en 2026 el número de tumores diagnosticados en España podrá alcanzar más de 300.000 casos, lo que implica un incremento del 2% respecto a 2025. Estos datos reflejan la tendencia de los últimos años de un crecimiento en España del número de tumores diagnosticados, no sólo por el aumento de la población, sino por su envejecimiento (la edad es un factor de riesgo para el desarrollo de cáncer) y la detección precoz. Sin embargo, el riesgo de mortalidad ante un diagnóstico de cáncer ha disminuido debido al diagnóstico precoz, la investigación en nuevas terapias, así como la eficacia de los tratamientos disponibles.

Diccionario del cáncer

A continuación, podrá encontrar recursos de información sobre algunos conceptos relativos al cáncer. No obstante, esta información en ningún momento pretende sustituir la consulta con su médico o especialista. Por favor, si tiene dudas acerca de su diagnóstico, tratamiento o si identifica algún síntoma que le preocupe, consulte a su médico.

Glosario | AECC

Diccionario de cáncer del NCI - NCI

Tipos de cáncer

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En función del tejido en el que se produzca la transformación tumoral y, por tanto, en el que se origine el tumor se pueden diferenciar diferentes tipos de cáncer:

A continuación, podrá encontrar información sobre distintos tipos de cáncer: su definición, causas o factores de riesgo asociados, síntomas más frecuentes, diagnóstico, tratamiento y prevención, así como recursos que puedan serle de utilidad. No obstante, esta información en ningún momento pretende sustituir la consulta con su médico o especialista. Por favor, si tiene dudas acerca de su diagnóstico, tratamiento o si identifica algún síntoma que le preocupe, consulte a su médico.

Cáncer de Mama

El cáncer de mama es el tumor más frecuente en mujeres y se produce por el crecimiento descontrolado de células de la glándula mamaria. La detección precoz mediante los programas de cribado ha contribuido a reducir la mortalidad y mejorar el pronóstico. Mantener un estilo de vida saludable, realizar la autoexploración de las mamas, así como la mamografía son medidas esenciales para la prevención y la detección temprana de la enfermedad.

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Definición

El cáncer de mama se origina a partir de las células de la glándula mamaria que comienzan a proliferar de forma descontrolada por cambios en los genes que regulan su crecimiento y las mantienen como células sanas.

Según las estimaciones de la Red Española de Registros de Cáncer (REDECAN), en 2025 el número de cáncer de mama diagnosticados en España podría haber alcanzado más de 37.000 casos. Es el tumor más frecuente en las mujeres, constituyendo una de las principales causas de mortalidad por cáncer. Sin embargo, no solo puede afectar a mujeres, sino que, aunque es poco frecuente, también puede afectar a hombres, representando el 1% de los casos totales de cáncer de mama.

El tipo más común de cáncer de mama es el carcinoma ductal que se origina en las células de los conductos a través de los cuales circula la leche desde la glándula mamaria al pezón durante la lactancia, y representa entre el 60-80% de los tumores diagnosticados. En los últimos años, las tasas de mortalidad han disminuido gracias a los programas de cribado, a la detección temprana y a la mejora en los tratamientos disponibles.

Causas y factores de riesgo

La mayoría de los cánceres de mama diagnosticados (90-95%) tienen un origen esporádico, es decir, no tienen una causa hereditaria, sino la combinación de una serie de factores que aumentan el riesgo. Tener uno o varios de estos factores de riesgo no significa que la persona vaya a padecer la enfermedad, sino que la probabilidad de desarrollarla es mayor. De igual manera, no presentar estos factores de riesgo no garantiza que no pueda aparecer:

Signos y síntomas

Los signos y síntomas más frecuentes son:

La detección precoz del cáncer de mama suele iniciarse mediante la propia autoexploración de la paciente de forma regular y los programas de cribado poblacional.

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Para más información, puede consultar el siguiente enlace:

¿Qué es la autoexploración mamaria?: ¿Qué es la autoexploración mamaria? | EscuelaSaludMadrid

En la Comunidad de Madrid, el programa de detección precoz del cáncer de mama (DEPRECAM) se dirige a mujeres con edades entre 50 y 69 años, residentes en la Comunidad de Madrid, asintomáticas y que cumplan los criterios de inclusión establecidos. Su objetivo es prevenir el desarrollo del cáncer de mama, uno de los principales problemas de salud en la mujer, mediante el diagnóstico precoz a través de una mamografía de cribado cada dos años.

Para más información puede consultar el siguiente enlace:

Detección precoz del cáncer de mama | Comunidad de Madrid

Diagnóstico

Ante una sospecha de cáncer de mama tras una exploración física de la mama y ganglios axilares, se realizan pruebas de imágenes para confirmar el diagnóstico como mamografías (método de referencia sobre todo en mujeres a partir de los 35 años), ecografías de mama (en mujeres jóvenes menores de 30 años, embarazadas o lactantes), resonancia magnética (para evaluar la extensión del tumor) o biopsias, prueba confirmatoria definitiva que permite determinar el estadio de desarrollo del cáncer y factores pronósticos que ayudan a planificar los tratamientos posteriores y la respuesta a los mismos. Durante el diagnóstico de cáncer de mama también se realizará la biopsia del ganglio centinela, que es el primer ganglio que recibe el drenaje linfático del tumor y el que es más probable que alcancen las células tumorales cuando el tumor ha empezado a diseminarse los tejidos adyacentes. Esta prueba determinará el estadio del cáncer, ya que indica la capacidad invasiva del tumor haca los ganglios linfáticos de la axila.

Otras pruebas necesarias para establecer el pronóstico y la planificación del tratamiento oncológico, incluyen: el resultado de la biopsia en Anatomía Patológica que informará sobre el tipo de células que originan el tumor, el grado de diferenciación/agresividad de las células tumorales (grado 0-grado 4), la capacidad de proliferación y la presencia de los receptores hormonales. En base a estos parámetros se pueden identificar:

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Los subtipos más comunes de cáncer de mama son aquellos que se originan a partir de las células de los conductos a través de los cuales circula la leche desde la glándula mamaria al pezón durante la lactancia (carcinoma ductal) y los que se originan a partir de las células de los lobulillos mamarios, estructuras donde se produce la leche (carcinoma lobulillar).

El diagnóstico del cáncer indica la etapa de desarrollo en la que se encuentra el tumor en una clasificación del 0 al IV, en función del tamaño del tumor, la agresividad de las células tumorales y su capacidad para diseminarse a otros órganos y tejidos.

El marcador celular que determina la velocidad de crecimiento del tumor o índice de proliferación se denomina Ki67. Es una proteína que se encuentra en el núcleo celular cuando las células se dividen, por lo que su presencia indica un proceso de división celular, y, por tanto, la velocidad de crecimiento del tumor. Un índice de proliferación Ki67 superior al 30% se considera alto.

Se estudiará la presencia de receptores de estrógenos y progesterona, y el receptor HER2. Estos receptores están implicados en el crecimiento de las células tumorales y su identificación en el laboratorio permitirá determinar el tipo de tratamiento que se administra al paciente y su pronóstico.

Por último, también se podrá realizar una prueba de diagnóstico genético para identificar la presencia de las principales mutaciones asociadas al riesgo de cáncer de mama hereditario (mutaciones en los genes BRCA1 y BRCA2).

Una vez confirmado el diagnóstico, para completar la estadificación tumoral, se complementarán los estudios con pruebas de imagen para detectar la presencia de diseminación a otros órganos del cuerpo en todo el cuerpo como TAC, PET, gammagrafía ósea (GGO) o resonancia magnética nuclear (RMN).

Tratamiento

Los tratamientos serán pautados por el equipo médico en un comité multidisciplinar en función del tipo y estadio del tumor, así como las características del paciente. Si el tumor está localizado o en estadios iniciales de extensión, se realizará una extirpación del tumor con o sin radioterapia, con o sin quimioterapia o tratamientos hormonales tras la cirugía, o de la mama (mastectomía o cirugía conservadora) según el estadio definitivo del tumor, tipo de cirugía y los factores de riesgo de cada paciente Previo al inicio del tratamiento, se debe considerar la preservación de la fertilidad en pacientes jóvenes que en un futuro quieran tener hijos.

Ante la presencia de un tumor que se haya diseminado se administra tratamiento sistémico que puede ser hormonal, inmunoterapia o quimioterapia. En algunos casos, se puede administrar tratamiento con radioterapia como tratamiento paliativo si se presentan metástasis óseas dolorosas y para prevención de fracturas.

Prevención

Los programas de cribado y la educación sanitaria han permitido mejorar de forma significativa la detección precoz del cáncer de mama, lo que se traduce en un mejor pronóstico y mayores tasas de supervivencia. Además, hay algunos factores que podrían prevenir el desarrollo de cáncer como:

Ante cualquier síntoma o duda, es fundamental consultar con un profesional sanitario.

Cáncer de Pulmón

El cáncer de pulmón es uno de los tumores más frecuente en hombres y mujeres y una de las principales causas de muerte por cáncer. Sin embargo, en los últimos años, se han producido avances en el desarrollo de nuevos tratamientos mejorando la supervivencia de los pacientes. El principal factor de riesgo asociado es el consumo de tabaco.

Definición

El cáncer de pulmón se origina en los pulmones, dos órganos situados en el tórax, encargados de llevar a cabo la respiración. Según las estimaciones de la Red Española de Registros de Cáncer (REDECAN), en 2025 el número de cáncer de pulmón diagnosticados en España podría haber alcanzado más de 34.000 casos, convirtiéndose en el segundo tipo de cáncer más frecuente en ambos sexos y la primera causa de muerte por cáncer a nivel mundial.

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La mayor parte de los casos de cáncer de pulmón (aproximadamente 85%) corresponde al tipo de célula no pequeña CPNCP, en su mayoría diagnosticados en estadios localmente avanzados o metastásicos, de lo que depende su pronóstico. La supervivencia a 5 años puede ser del 65 % en casos de tumores localizados, 37 % en localmente avanzados y 9 % en metastásico.

Causas y factores de riesgo

Tener uno o varios de estos factores de riesgo no significa que la persona vaya a padecer la enfermedad, sino que la probabilidad de desarrollarla es mayor. De igual manera, no presentar estos factores de riesgo no garantiza que no pueda aparecer.

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Signos y síntomas

Los signos y síntomas más frecuentes son:

Diagnóstico

El diagnóstico del cáncer de pulmón comienza con una exploración física completa, la evaluación del historial médico del paciente, incluyendo el historial familiar y sus hábitos de consumo de tabaco. A continuación, se podrán hacer distintas pruebas, como análisis de sangre para comprobar la adecuada función de los órganos antes del tratamiento oncológico, espirometrías para medir la capacidad pulmonar, y pruebas de imagen para detectar extensión de la enfermedad a otros órganos como la resonancia magnética nuclear, la tomografía TAC, gammagrafía ósea (GGO) y PET/TAC.

Para confirmar el diagnóstico, se debe realizar una biopsia que consiste en obtener una muestra del tejido para analizar el tipo, el estadio de desarrollo y la malignidad del tumor en el laboratorio. En base a estos parámetros se pueden clasificar:

El cáncer de pulmón se puede clasificar en dos tipos dependiendo de las células de origen:

El estadio del cáncer indica la etapa de extensión en la que se encuentra el tumor en una clasificación del 0 al IV, en función del compromiso que puede presentar a otros órganos y tejidos aledaños.

Las alteraciones moleculares o mutaciones asociadas al cáncer de pulmón y ayudarán a la planificación de la administración de terapias blanco dirigidas posteriores. Algunas de las mutaciones que se han identificado son en los genes EGFR, ALK, ROS1, BRAF. Igualmente, también debe estudiarse en el tejido tumoral el nivel de la proteína PDL1 para orientar la posibilidad de recibir tratamiento con inmunoterapia.

Tratamientos

Los tratamientos serán pautados por el equipo médico en función del tipo y estadio del tumor, así como las características moleculares, nivel de PDL1 y características del paciente. En los últimos años, se han producido avances en el desarrollo de nuevos tratamientos para el cáncer de pulmón, mejorando la supervivencia de estos pacientes.

El tratamiento para el cáncer de pulmón en estadios iniciales (I y II) es la cirugía que, dependiendo del tamaño y el tipo de tumor, será parcial o total del pulmón. Si el paciente presenta otras enfermedades importantes o que rechacen la cirugía, se valorará el tratamiento con radioterapia y quimioterapia.

Una vez se ha extirpado el tumor, en función del tipo de tumor y la afectación a ganglios linfáticos, se administra quimioterapia posterior a la cirugía. Además, se podrá combinar con inmunoterapia o con terapias dirigidas en función del tipo de tumor y las características moleculares y los niveles de PDL1. En los estadios avanzados del cáncer de pulmón, se podrá administrar quimioterapia más inmunoterapia, inmunoterapia o terapias dirigidas en función del tipo de tumor y las características moleculares, así como niveles de PDL1.

Prevención:

Dado que el principal factor de riesgo asociado al cáncer de pulmón es el tabaco, la prevención del cáncer de pulmón se centra fundamentalmente en dejar de fumar y evitar los humos secundarios del tabaco, así como evitar la exposición a contaminantes ambientales (radón, amianto).

Cáncer de Páncreas

El cáncer de páncreas se produce por el crecimiento descontrolado de células pancreáticas y se estima que podría ser el octavo tipo de cáncer más frecuente. Suele diagnosticarse en estadios avanzados en personas mayores de 65 años, aunque su incidencia está aumentando en grupos de edad más jóvenes.

Definición

El cáncer de páncreas se origina por el crecimiento descontrolado de las células pancreáticas. El páncreas es uno de los órganos que está implicado en los procesos de digestión de los alimentos encargado de controlar los niveles de glucosa en sangre. Está formado por diferentes tipos de glándulas, las exocrinas y endocrinas, que dan lugar a los diferentes tipos de cáncer de páncreas.

Según las estimaciones de la Red Española de Registros de Cáncer (REDECAN), en 2025 el número de cáncer de páncreas diagnosticados en España podría haber alcanzado más de 10.000 casos en ambos sexos, convirtiéndose en el octavo tipo de cáncer más frecuente.

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Este tipo de tumor tiene una elevada tasa de mortalidad debido a su rápida diseminación, su diagnóstico en estadios avanzados y la falta de terapias. Es más frecuente en hombres que en mujeres (3:1), con una edad de diagnóstico a partir de los 65 años en hombres y de 75 años en mujeres. En los últimos años se ha observado un aumento en la incidencia de la enfermedad en población joven, especialmente en personas menores de 50 años. Este incremento es aún mayor en los menores de 30 años.

Causas y factores de riesgo

Todavía no se conocen las causas específicas del cáncer de páncreas, pero se ha atribuido el riesgo de desarrollarlo a determinados factores. Tener uno o varios de estos factores de riesgo no significa que la persona vaya a padecer la enfermedad, sino que la probabilidad de desarrollarla es mayor. De igual manera, no presentar estos factores de riesgo no garantiza que no pueda aparecer.

Signos y síntomas más comunes

Los signos y síntomas más frecuentes son:

Es importante que acuda a su médico en caso de notar alguno de estos signos o síntomas.

Diagnóstico

Para diagnosticar el cáncer de páncreas se realizan distintas pruebas además de la exploración física y el historial médico del paciente. Entre ellas se incluyen análisis de sangre para detectar alteraciones en la función hepática y renal, así como marcadores tumorales como el CA 19.9, que pueden ayudar a confirmar la sospecha de tumor y servir para el seguimiento del paciente.

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Ante la sospecha de tumor, las pruebas de imagen como ecografías o TAC, permiten la confirmación del diagnóstico, la localización del tumor, evaluar su extensión y determinar el estadio del tumor. Otras pruebas permiten confirmar el diagnóstico y la capacidad invasiva del tumor como la ecoendoscopia con punción, que permite obtener una biopsia del páncreas para confirmar el diagnóstico, el tipo de tumor y el estadio de desarrollo. En base a estos parámetros se pueden clasificar:

El páncreas está formado por dos tipos de tejidos con funciones diferentes: el páncreas exocrino, encargado de la secreción de enzimas al tubo digestivo para facilitar la descomposición de los alimentos, y el páncreas endocrino, encargado de la secreción de hormonas para controlar los niveles de azúcar en sangre (glucagón e insulina).

El diagnóstico del cáncer indica la etapa de desarrollo en la que se encuentra el tumor en una clasificación del 0 al IV, en función del tamaño del tumor, la agresividad de las células tumorales y su capacidad para diseminarse a otros órganos y tejidos. La diseminación del cáncer de páncreas suele producirse frecuentemente hacia el hígado.

Si hay sospecha de metástasis, otras pruebas como la resonancia magnética y el PET permiten determinar la extensión y posible metástasis del tumor.

Tratamientos

Los tratamientos serán pautados por el equipo médico en un comité multidisciplinar en función del tipo y estadio del tumor, así como las características del paciente. Si el tumor está localizado y tiene afectación vascular, el tratamiento es la cirugía, en algunos casos complementada por terapias previas a la operación (quimioterapia sola o en combinación con radioterapia neoadyuvantes) con el objetivo de reducir el tamaño del tumor, mejorar los resultados de la cirugía y reducir sus riesgos. Posteriormente, se administra quimioterapia complementaria al tratamiento quirúrgico.

Sin embargo, en el caso en el que el tumor esté en fases avanzadas se administrará quimioterapia, ya que aumenta la supervivencia y mejora la calidad de vida de los pacientes.

Prevención

No existe un programa para la detección temprana del cáncer de páncreas, pero llevar un estilo de vida saludable puede reducir el riesgo de padecerlo, estos incluyen:

Ante cualquier síntoma o duda, es fundamental consultar con un profesional sanitario.

Cáncer de colon

El cáncer de colon es el cuarto tipo de tumor más frecuente en hombres y mujeres. Es uno de los más agresivos, especialmente en personas mayores de 65 años. El diagnóstico se realiza mediante pruebas de cribado, como la detección de sangre oculta en heces, y se confirma con colonoscopia y biopsia. La prevención se basa en programas de detección precoz y mantener hábitos de vida saludables.

Definición

El cáncer de colon se origina por un crecimiento descontrolado de las células del colon, la última parte del intestino, que comunica el intestino delgado con el recto. Es más frecuente a partir de los 65 años. En los últimos años se ha observado un incremento de la incidencia de casos en menores de 50 años, diagnosticados en estadios avanzados y asintomáticos.

Según las estimaciones de la Red Española de Registros de Cáncer (REDECAN), en 2025 el número de cáncer de colon diagnosticados en España podría haber alcanzado más de 30.000 casos en ambos sexos, convirtiéndose en el cuarto tipo de cáncer más frecuente por detrás del cáncer de mama, pulmón y próstata, y en la segunda causa de muerte por cáncer por detrás del cáncer de pulmón.

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Causas y factores de riesgo

Se ha atribuido el riesgo de desarrollar cáncer de colon a determinados factores. Tener uno o varios de estos factores de riesgo no significa que la persona vaya a padecer la enfermedad, sino que la probabilidad de desarrollarla es mayor. De igual manera, no presentar estos factores de riesgo no garantiza que no pueda aparecer.

Signos y síntomas

Los signos y síntomas más frecuentes son:

Es importante que acuda a su médico en caso de notar alguno de estos signos o síntomas.

La detección precoz del cáncer colorrectal suele centrarse en los programas de cribado poblacional, esenciales para la detección del cáncer entre la aparición de los primeros síntomas o incluso previo a la aparición de estos y el inicio del tratamiento o prevención. En la Comunidad de Madrid PREVECOLON es el Programa de Detección Precoz de Cáncer de Colon y Recto que consisten en la realización de la prueba de sangre oculta en heces cada 2 años en personas de 50 a 69 años, debido a la alta incidencia de cáncer colorrectal en este grupo de edad. Este protocolo puede verse modificado si existe historial familiar de primer grado de cáncer de colon. Si el resultado es positivo, se lleva a cabo una colonoscopia para confirmar el diagnóstico.

Para más información puede consultar el siguiente enlace:

Prevecolon: prevención de cáncer de colon y recto | Comunidad de Madrid

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Diagnóstico

Para detectar y diagnosticar el cáncer de colon se utilizan varias pruebas, como el test de sangre oculta en heces, que permite identificar sangrados no visibles y posibles lesiones en el colon. La analítica de sangre permite evaluar los niveles de marcadores tumorales como el antígeno carcinoembrionario (CEA), cuya concentración en sangre aumenta y sus niveles permiten realizar seguimiento de la enfermedad durante el tratamiento

Para confirmar el diagnóstico, se debe realizar una colonoscopia, ya que permite observar el intestino grueso mediante un tubo con cámara y tomar biopsias de las posibles lesiones para su análisis en el laboratorio. También puede realizarse una colonoscopia virtual o colonografía por TAC, una técnica no invasiva que crea imágenes tridimensionales del intestino mediante rayos X. Tanto la colonoscopia convencional como la virtual requieren una preparación previa y una dieta especial para visualizar correctamente el intestino.

Ante el diagnóstico de cáncer de colon, se realizan los estudios de extensión que permite determinar si hay metástasis (hígado, pulmón y peritoneo), estos incluyen TAC del tórax y del abdomen.

Tratamientos

Los tratamientos serán pautados por el equipo médico previa revisión en un comité multidisciplinar en función del tipo y estadio del tumor, así como las características del paciente. En los estadios iniciales, el tratamiento de elección suele ser la cirugía para extirpar el tumor. La quimioterapia y radioterapia pueden administrarse solas o combinadas previamente a la cirugía para la reducción del volumen del tumor. En fases más avanzadas, la cirugía puede combinarse con quimioterapia para mejorar los resultados terapéuticos tras la cirugía.

Sin embargo, cuando el tumor se ha diseminado a otros órganos, el tratamiento se basa principalmente en la quimioterapia para disminuir la progresión tumoral y la radioterapia que puede contribuir a aliviar los síntomas localizados en sitios metastásicos. Estas medidas ayudan a mejorar la calidad de vida y aumentar la supervivencia de los pacientes.

Prevención

La mayor parte de los casos, el cáncer colorrectal aparece en personas que no tienen antecedentes familiares. Por ello, se aconseja participar en los programas de cribado para el diagnóstico precoz a partir de los 50 años y mantener un estilo de vida saludable que incluye:

Ante cualquier síntoma o duda, es fundamental consultar con un profesional sanitario.

Cáncer de estómago

El cáncer de estómago es uno de los tumores más frecuentes a nivel mundial y afecta principalmente a personas mayores de 50 años. En sus fases iniciales suele ser asintomático, por lo que a menudo se diagnostica en etapas avanzadas. El diagnóstico se realiza mediante gastroscopia con biopsia y pruebas de imagen para determinar la extensión de la enfermedad.

Definición

El cáncer de estómago es el que se origina en las células del estómago, un órgano encargado de la digestión de los alimentos. A nivel mundial, constituye el quinto cáncer más frecuentemente diagnosticado y la quinta causa de muerte por cáncer.

El subtipo más frecuente de cáncer gástrico es el adenocarcinoma, originado a partir de las células de la mucosa que recubren el interior del estómago. Es más frecuente en hombres que en mujeres y, el riesgo de desarrollar cáncer de estómago aumenta a partir de los 50 años.

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Según las estimaciones de la Red Española de Registros de Cáncer (REDECAN), en 2025 el número de cáncer de estómago diagnosticados en España podría haber alcanzado más de 7.000 casos. Es el decimotercer tipo de tumor más frecuente en ambos sexos. En los últimos años se ha observado una disminución tanto en la incidencia como en la mortalidad asociadas a este tumor. Sin embargo, en países industrializados se ha detectado un aumento en el diagnóstico de cáncer de estómago en personas jóvenes.

Causas y factores de riesgo

No se conocen las causas específicas del cáncer gástrico, pero se ha atribuido el riesgo de desarrollarlo a determinados factores. Tener uno o varios de estos factores de riesgo no significa que la persona vaya a padecer la enfermedad, sino que la probabilidad de desarrollarla es mayor. De igual manera, no presentar estos factores de riesgo no garantiza que no pueda aparecer.

Signos y síntomas

El cáncer gástrico puede ser asintomático, es decir, puede que no se muestren los síntomas hasta que está en etapas avanzadas, En el caso de presentar síntomas, los más frecuentes son:

Diagnóstico

El diagnóstico del cáncer de estómago se realiza mediante diversas pruebas además de la exploración física, antecedentes familiares, síntomas y el historial médico del paciente.

Ante sospecha de cáncer de estómago, la gastroscopia o endoscopia digestiva superior, permite observar el interior del estómago y obtener biopsias para confirmar el diagnóstico y determinar el estadio del tumor. Por último, para evaluar la extensión del tumor a otros órganos, podrán realizarse técnicas de imagen como la laparoscopia para evaluar si el cáncer se ha extendido a órganos cercanos, PET y TAC, que permite identificar el tamaño del tumor, su extensión y presencia de metástasis.

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Tratamientos

Los tratamientos serán pautados por el equipo médico en un comité multidisciplinar en función del tipo y estadio del tumor, así como las características del paciente. El tumor primario se extirpará si no existe diseminación del tumor a otros órganos y tejidos. Dependiendo de la extensión y localización del tumor en el estómago, la extirpación del estómago será total o parcial. En algunas ocasiones será preciso realizar la extirpación de otras estructuras próximas como el páncreas, el bazo o parte del hígado dependiendo del tamaño y extensión del tumor. Tras la cirugía, generalmente se debe administrar quimioterapia y radioterapia complementarias

En estadios avanzados con metástasis del tumor se administra quimioterapia en combinación con tratamientos dirigidos e inmunoterapia dependiendo de las características del tumor, para mejorar la calidad de vida del paciente y aumentar su supervivencia.

Prevención

No existe un programa de cribado o detección precoz de cáncer gástrico, por lo que la prevención se centra en una serie de factores que fomentan un estilo de vida saludable y pueden reducir el riesgo de padecerlo:

Cáncer de hígado

El cáncer de hígado se origina en las células hepáticas. Es más común en hombres y suele asociarse a enfermedades hepáticas crónicas como la cirrosis, hepatitis B o C. El sexto tipo de cáncer más frecuente a nivel mundial y la tercera causa de muerte relacionada con cáncer. En muchos casos no presenta síntomas en fases iniciales y su diagnóstico se produce de forma incidental ante pruebas rutinarias por otras causas.

Definición

El cáncer de hígado se origina en las células del hígado o células hepáticas. Es un órgano implicado en la digestión, protección frente a infecciones, produce factores de coagulación, almacenamiento de hierro y depuración de sustancias tóxicas a través de la orina. El hígado es un sitio frecuente de metástasis de otros tipos de cáncer, por lo cual la toma de biopsia que confirme el origen de las células presentes en la lesión hepática es fundamental para definir si se trata de cáncer primario o metástasis de otro tumor.

Tiene una incidencia mayor en hombres que en mujeres, suponiendo el sexto tipo de cáncer más frecuente a nivel mundial y la tercera causa de muerte relacionada con cáncer.

Según las estimaciones de la Red Española de Registros de Cáncer (REDECAN), en 2025 el número de cáncer de hígado diagnosticados en España podría haber alcanzado más de 6.000 casos, convirtiéndose en el decimocuarto tipo de tumor más frecuente en ambos sexos.

El carcinoma hepatocelular (HCC) es el tipo más frecuente de cáncer hepático primario y suele desarrollarse como consecuencia de una enfermedad hepática crónica, especialmente en España y otros países occidentales. Sin embargo, su incidencia es aún mayor en regiones como el Sudeste asiático y África subsahariana, donde puede aparecer incluso sin la presencia previa de cirrosis hepática.

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Causas y factores de Riesgo

Todavía no se conocen las causas del cáncer hepático, pero se ha atribuido el riesgo de desarrollarlo a determinados factores de riesgo:

Signos y síntomas

El cáncer hepático puede ser asintomático, es decir, puede que no se muestren los síntomas hasta que está en etapas avanzadas. En este caso, los signos y síntomas más frecuentes son:

Diagnóstico

El diagnóstico del cáncer de hígado suele producirse frecuentemente de forma incidental al realizar pruebas de imagen con otro propósito. El diagnóstico comienza con una valoración médica que incluye la revisión de síntomas, historial médico, antecedentes familiares y una exploración física completa. Posteriormente, se realizan análisis de sangre para evaluar la función hepática, renal y la coagulación, además de marcadores tumorales como la alfa-fetroproteína (AFP) y pruebas para la detección del virus de la hepatitis B y C.

Las pruebas de imagen, como la ecografía hepática, la resonancia magnética de abdomen, el TAC de tórax y gammagrafía ósea, son fundamentales para detectar el tumor, valorar su extensión y posibles afectaciones a ganglios, vasos u otros órganos. Se requiere idealmente una biopsia hepática, obtenida mediante punción o laparoscopia, para confirmar el diagnóstico y orientar el tratamiento, aunque en algunos pacientes con cirrosis o hepatitis el diagnóstico puede establecerse sólo con las pruebas de imagen.

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Tratamiento

Los tratamientos serán pautados por el equipo médico en un comité multidisciplinar en función del tipo y estadio del tumor, así como las características del paciente. Se podrá valorar el trasplante hepático en tumores muy pequeños. En el caso en el que no se pueda realizar trasplante hepático, se podrán valorar otras técnicas locales para la destrucción de las células tumorales como la ablación por radiofrecuencia (RFA), ondas microondas (MWA), láser, congelación (crioablación), quimioembolización o radioterapia.

Si el tumor está en etapas avanzadas, se optará por otros tratamientos sistémicos como la inmunoterapia o terapias dirigidas (inhibidores de tirosina quinasa)

Prevención

No existe un programa de cribado o detección precoz de cáncer hepático, por lo que la prevención se centra en prevenir la exposición a los factores de riesgo y fomentar un estilo de vida saludable:

Cánceres urogenitales:

Cáncer de Próstata

El cáncer de próstata es el tumor más frecuente en hombres y se origina en las células de la próstata, aumentando su incidencia a partir de los 65 años. En fases iniciales puede no presentar síntomas, pero en etapas avanzadas provoca problemas urinarios y sangre en orina. El diagnóstico se realiza mediante la medición del antígeno prostático (PSA), tacto rectal, resonancia magnética de la pelvis y biopsia prostática, complementado con pruebas de imagen para valorar la extensión.

Definición

El cáncer de próstata es un tumor maligno que se origina en las células de la próstata, una glándula del aparato reproductor masculino situada debajo de la vejiga y encargada de producir parte del líquido seminal. La mayor parte de los tipos de cáncer de próstata son adenocarcinomas, es decir, cánceres que se originan a partir de las células glandulares de la próstata, aquellas encargadas de la producción del líquido prostático que forma parte del semen.

Según las estimaciones de la Red Española de Registros de Cáncer (REDECAN), en 2025 el número de cáncer de próstata diagnosticados en España podría haber alcanzado más de 32.000 casos, convirtiéndose en el primer tipo de cáncer más frecuente en hombres y la segunda causa de muerte por cáncer en hombres. Su incidencia aumenta con la edad, ya que la próstata tiende a agrandarse con el paso de los años, siendo diagnosticado a partir de los 65 años.

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Causas y factores de Riesgo

Se ha atribuido el riesgo de desarrollar cáncer de próstata a determinados factores. Tener uno o varios de estos factores de riesgo no significa que la persona vaya a padecer la enfermedad, sino que la probabilidad de desarrollarla es mayor. De igual manera, no presentar estos factores de riesgo no garantiza que no pueda aparecer.

Signos y síntomas

Los signos y síntomas más frecuentes son:

Diagnóstico

El diagnóstico del cáncer de próstata se realiza mediante varias pruebas. Entre ellas destacan el tacto rectal y la prueba de PSA en sangre. Estas pruebas permiten detectar posibles alteraciones prostáticas. Aunque los hombres presentan de forma natural niveles bajos de PSA en sangre, valores elevados pueden asociarse a la presencia de cáncer de próstata, aunque no son específicos de esta enfermedad ya que también puede elevarse en caso de inflamaciones benignas de la próstata. Por este motivo, dentro de los programas de cribado poblacional se recomienda realizar una valoración del riesgo de cáncer de próstata en varones a partir de los 50 años. No obstante, en aquellos pacientes con antecedentes familiares o factores genéticos de riesgo, esta evaluación puede adelantarse a los 40 años.

En caso de tacto rectal sospechoso y niveles de PSA elevados, se debe realizar una biopsia de la próstata y realizar una resonancia magnética prostática con contraste. Estas pruebas permitirán confirmar el diagnóstico, determinar el estadio del tumor y su extensión a zonas adyacentes (tejidos y ganglios linfáticos).

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En base a los resultados de la biopsia el cáncer de próstata y los niveles de PSA, se puede clasificar de acuerdo a la escala/ puntuación de Gleason (un sistema para evaluar la agresividad del cáncer en una escala de 6 a 10, donde las puntuaciones más altas se asocian con tumores de mayor agresividad y peor pronóstico):

Ante la confirmación del diagnóstico, si el tumor es de bajo riesgo y su probabilidad de metástasis es baja, no se requieren más pruebas médicas. Sin embargo, si el tumor es de riesgo intermedio-alto y con alta probabilidad de metástasis, se requieren otras pruebas de imagen como el TAC, la gammagrafía ósea (GGO) y el PET se utilizan para detectar si el cáncer se ha diseminado a otras partes del cuerpo (órganos y ganglios linfáticos) y valorar el tratamiento posterior.

Tratamientos

Los tratamientos serán pautados por el equipo médico en un comité multidisciplinar en función del tipo y estadio del tumor, así como las características del paciente. Cuando el cáncer está localizado y tiene riesgo bajo o intermedio, los tratamientos más habituales son la extirpación quirúrgica de la próstata y los tejidos que la rodean como las glándulas seminales (prostatectomía radical). En algunos casos pueden extirparse también los ganglios linfáticos cercanos. Otros tratamientos como la radioterapia y la hormonoterapia pueden administrarse de forma complementaria tras la cirugía.

En casos en el que el tumor presenta un elevado riesgo de agresividad, se utilizan radioterapia y tratamientos hormonales para suprimir los niveles de testosterona. En caso de enfermedad metastásica, el tratamiento oncológico incluye quimioterapia, terapia blanco dirigida a la mutación de BRCA y tratamientos hormonales. Así como radioterapia para manejo de lesiones metastasicas sintomáticas como las metastasis óseas,

Por último, en pacientes de edad avanzada o con tumores de crecimiento lento y bajo riesgo, puede optarse por una estrategia de observación y vigilancia activa (programa de seguimiento con PSA y tacto rectal cada 3-6 meses, resonancia magnética anual y biopsias prostáticas periódicas), ya que los síntomas suelen aparecer de forma tardía o no presentarse clínicamente y una actuación terapéutica podría afectar a su calidad de vida.

Prevención

Dado que el cáncer de próstata tiene una progresión lenta y los síntomas pueden tardar años en aparecer o no presentarse en el curso clínico del paciente, la prevención se centra en la detección precoz mediante pruebas rutinarias como el tacto rectal y la cuantificación de los niveles de PSA en sangre, que permiten la detección del cáncer en etapas iniciales.

Cáncer de testículo

El cáncer de testículo es un tumor poco frecuente que se origina en los testículos, siendo el más común en varones jóvenes de 15 a 34 años. La tasa de supervivencia a 5 años supera el 95%, sobre todo cuando se detecta en fases iniciales. El tratamiento incluye cirugía, quimioterapia o radioterapia según el estadio, y la prevención se basa principalmente en la autoexploración y la detección precoz, ya que no existen programas de cribado.

Definición

El cáncer de testículo se origina en los testículos, dos glándulas sexuales que forman parte del aparato reproductor masculino protegidas por el escroto, bolsa de piel debajo del pene. Los testículos van a formar los espermatozoides y se encargan de producir la testosterona, una hormona que regula el desarrollo de las características sexuales masculinas y rasgos secundarios (voz grave, vello facial y corporal, masa muscular).

Aunque el cáncer de testículo es poco frecuente, aproximadamente 5/100.000 habitantes, es el más común en varones de 15-34 años. Tiene buen pronóstico, aunque tiene un crecimiento muy rápido, por lo que su detección y tratamiento es temprano. La mayoría de los cánceres testiculares se originan a partir de las células germinales, es decir, las células que producen los espermatozoides.

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Causas y factores de Riesgo

Se ha atribuido el riesgo de cáncer de testículo a determinados factores. Tener uno o varios de estos factores de riesgo no significa que la persona vaya a padecer la enfermedad, sino que la probabilidad de desarrollarla es mayor. De igual manera, no presentar estos factores de riesgo no garantiza que no pueda aparecer.

Signos y síntomas

Diagnóstico

El diagnóstico del cáncer de testículo comienza con una exploración física y una ecografía testicular bilateral, que permite detectar posibles masas tumorales y evaluar ambos testículos. También se realizan análisis de sangre para medir marcadores tumorales como la alfa fetoproteína, la βHCG y la LDH, que pueden estar elevados en estos tumores.

Ante la confirmación en imágenes del cáncer de testículo, se lleva a cabo una orquiectomía inguinal, procedimiento quirúrgico que extirpa el testículo a través de la ingle, permite confirmar el tipo de tumor, pronóstico y forma parte del tratamiento

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Además, pruebas de imagen como el TAC, la gammagrafía ósea (GGO) y el PET se utilizan para determinar si el cáncer se ha extendido a otras partes del cuerpo y evaluar posibles metástasis.

Tratamientos

Los tratamientos serán pautados por el equipo médico en un comité multidisciplinar en función del tipo y estadio del tumor, así como las características del paciente. El primer paso suele ser la extirpación del testículo afectado mediante un procedimiento que se llama orquiectomía, que permite confirmar el diagnóstico y planificar el tratamiento posterior. En estadios iniciales y en tumores pequeños puede optarse por vigilancia activa, quimioterapia o radioterapia tras la cirugía, mientras que en estadios más avanzados se utiliza siempre la quimioterapia como tratamiento complementario a la cirugía.

Antes de iniciar el tratamiento, especialmente en pacientes jóvenes, se debe proponer la preservación de la fertilidad mediante la criopreservación de semen, ya que estos tratamientos pueden afectar a las células germinales y a la capacidad reproductiva.

Prevención

Actualmente no existe un protocolo establecido para la prevención del cáncer de testículo ni pruebas rutinarias para su diagnóstico, ya que la frecuencia de la enfermedad es baja y se diagnostica en estadios iniciales con un buen pronóstico.

Cáncer de riñón

El cáncer de riñón representa aproximadamente el 2-3 % de los tumores malignos en adultos. Es más frecuente en hombres que en mujeres y suele diagnosticarse a partir de los 60-65 años, a menudo de forma incidental en fases iniciales al ser asintomático.

Definición

El cáncer de riñón se origina ante el crecimiento descontrolado de las células renales, su diseminación hacia tejidos adyacentes (invasión local) y, finalmente, la diseminación a otros órganos como los pulmones, huesos e hígado, y ganglios linfáticos a través del torrente circulatorio y linfático (metástasis).

Los riñones son órganos situados en la parte posterior del abdomen implicados en la filtración de la sangre y excreción de sustancias de desecho a través de la orina. El cáncer de riñón representa aproximadamente el 2-3 % de los tumores malignos en adultos. Es más frecuente en hombres que en mujeres y suele diagnosticarse a partir de los 60-65 años.

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Según las estimaciones de la Red Española de Registros de Cáncer (REDECAN), en 2025 el número de cáncer de riñón diagnosticados en España podría haber alcanzado más de 9.000 casos, convirtiéndose en el noveno tipo de cáncer más frecuente en ambos sexos.

Causas y factores de riesgo

El desarrollo de cáncer de riñón se ha atribuido el a determinados factores de riesgo:

Signos y síntomas

La presentación clínica del cáncer de riñón no se manifiesta hasta un estadio avanzado en el que el tumor se ha extendido a otros órganos, ya que en los estadios iniciales suele ser asintomático. Es en estas fases iniciales cuando se diagnostican la mayor parte de estos tumores de forma incidental ante una revisión o pruebas rutinarias solicitadas por otro motivo.

Los signos y síntomas pueden ser generales, y sólo en algunos casos pueden aparecer los síntomas definidos como la triada clásica:

Aunque estos síntomas son generales y pueden deberse a otras alteraciones o afecciones más comunes, si presenta cualquiera de ellos, consulte a su médico.

Diagnóstico

El diagnóstico del cáncer de riñón se produce en la mayor parte de casos de forma incidental en exploraciones por otras causas o por pruebas rutinarias como las ecografías abdominales, que permiten distinguir masas sólidas de quistes, o TAC. Sin embargo, es importante tener en cuenta los síntomas, exploración física y antecedentes familiares para detectar los casos con mayor riesgo de desarrollar la enfermedad.

Si hay sospecha de cáncer renal, se realizarán analíticas de sangre y orina para estudiar el estado general del paciente y el funcionamiento de los riñones. Otras pruebas de imagen permiten estudiar la extensión del tumor como el TAC, para determinar el estadio de la enfermedad, o la Resonancia Magnética Nuclear (RMN), para confirmar la afectación de estructuras adyacentes de cara a un posible abordaje quirúrgico.

Además, si hay sospecha del tumor se realizará una biopsia renal dependiendo del tamaño y características del tumor para confirmar el diagnóstico y determinar el estadio de desarrollo. Además, si hay sospecha de metástasis, se utilizarán pruebas como la gammagrafía ósea (GGO) y Resonancia Magnética nuclear (RMN) craneal para estudiar la diseminación en huesos y cerebro respectivamente.

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Tratamientos

Los tratamientos serán pautados por el equipo médico en un comité multidisciplinar en función del tipo y estadio del tumor, así como las características del paciente. En función del tamaño del tumor, su localización y la extensión se puede abordar mediante cirugía para extirpar el riñón de forma total (nefrectomía radical) o parcial (únicamente el tumor, nefrectomía parcial). Tras la cirugía, se podrá analizar la muestra en el laboratorio para determinar el tipo de tumor, el estadio de desarrollo y su extensión. Esto ayudará al equipo sanitario a planificar las terapias posteriores.

En casos de enfermedad avanzada, se deberá realizar una biopsia para determinar el tumor, lo que ayudará a planificar el tratamiento posterior. En estos casos como manejo sintomático del dolor y la hematuria pueden emplearse otras técnicas, como la embolización arterial (obstrucción de la arteria que irriga al tumor) o la ablación tumoral para disminuir el tamaño tumoral.

Si el tumor se ha diseminado, la cirugía puede realizarse para reducir el volumen de la masa tumoral y, posteriormente, combinarse con otros tratamientos, como la inmunoterapia o las terapias dirigidas, ya que el cáncer de riñón suele ser resistente a la quimioterapia. La radioterapia cumple principalmente una función paliativa y se utiliza para aliviar los síntomas derivados de la diseminación del tumor.

Prevención

La prevención del cáncer de riñón se centra principalmente en fomentar un estilo de vida saludable:

Cáncer de vejiga

El cáncer de vejiga se origina por el crecimiento descontrolado de células de la vejiga urinaria. A nivel mundial, es el noveno tipo de cáncer más frecuente en ambos sexos y el quinto más frecuente en España, con una media de edad de diagnóstico a partir de los 70 años y mayor incidencia en hombres.

Definición

El cáncer de vejiga se origina cuando las células de la vejiga se multiplican de forma descontrolada. La vejiga es un órgano hueco que almacena la orina en la parte inferior del abdomen. El principal tipo de cáncer de vejiga es el carcinoma de células transicionales, originado en las células que recubren el interior de este órgano.

A nivel mundial, es el noveno tipo de cáncer más frecuente en ambos sexos y el quinto más frecuente en España, con una media de edad de diagnóstico a partir de los 70 años y mayor incidencia en hombres. Sin embargo, existen diferencias significativas en cuanto a la incidencia en función del área geográfica, siendo más frecuente en EE. UU. y en el sur de Europa (Grecia, Italia, España).

Según las estimaciones de la Red Española de Registros de Cáncer (REDECAN), en 2025 el número de cáncer de vejiga diagnosticados en España podría haber alcanzado más de 22.000 casos.

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Causas y factores de riesgo

Aunque no se conocen las causas específicas del cáncer de vejiga, su aparición se ha atribuido a determinados factores de riesgo:

Signos y síntomas

Los síntomas y signos más frecuentes son:

Aunque son síntomas inespecíficos que pueden aparecer por otras causas, ante cualquiera de estos síntomas acuda y consulte a su médico.

Diagnóstico

Para el diagnóstico de cáncer de vejiga se realiza una historia clínica completa, incluyendo los hábitos de vida, la exposición a sustancias potencialmente tóxicas por ocupación laboral, existencia de síntomas y signos de sospecha y una exploración física. A continuación, se realiza una analítica de sangre y orina para detectar la presencia de sangre en orina y descartar la existencia o no de otras patologías como infección urinaria. Otras pruebas para la detección del cáncer de vejiga son la citología urinaria para detectar células cancerosas y la cistoscopia con biopsia para observar el interior de la vejiga y tomar una muestra para la confirmación del diagnóstico.

Ante el diagnóstico de cáncer de vejiga se realizarán pruebas de imagen para evaluar la extensión de la enfermedad incluyendo TAC de tórax, gammagrafía ósea (GGO) y TAC cerebral.

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Tratamiento

Los tratamientos serán pautados por el equipo médico en un comité multidisciplinar en función del tipo y estadio del tumor, así como las características del paciente. Si el tumor es superficial y no presenta invasión muscular, se realizará una cirugía para extirparlo y luego debe mantenerse seguimiento clínico para detectar recidivas. Según el riesgo de recurrencia o progresión, el tratamiento puede complementarse con quimioterapia o inmunoterapia.

Si el tumor se diagnostica en etapas avanzadas dentro de la vejiga con o sin extensión a los ganglios regionales, se realizará una cirugía para la extirpación parcial o completa de la vejiga. El tratamiento quirúrgico puede combinarse con quimioterapia antes y/o después de la cirugía, así como con inmunoterapia o radioterapia. En casos de enfermedad metastásica, pueden administrarse tratamiento con quimioterapia más inmunoterapia solo inmunoterapia y en caso de lesiones metastásicas dolorosas puede administrarse radioterapia.

Prevención

Actualmente no existe ninguna prueba o programa de cribado poblacional para el diagnóstico precoz del cáncer de vejiga en personas sanas, por lo que la prevención se centra en evitar factores de riesgo que se han asociado a su desarrollo como el tabaco.

Cánceres ginecológicos

Cáncer de endometrio

El cáncer de endometrio se origina en el revestimiento interno del útero (endometrio). Es el tumor ginecológico más frecuente en los países desarrollados, diagnosticándose sobre todo tras la menopausia. En España es el cuarto tipo de cáncer más frecuente en mujeres detrás del cáncer de mama, colon y pulmón.

Definición

El cáncer de endometrio se origina en las células que recubren el interior del útero (endometrio), un órgano hueco del aparato reproductor femenino situado en la pelvis donde se desarrolla el embarazo. Es el tumor ginecológico más frecuente diagnosticado principalmente después de la menopausia por sangrado postmenopáusico..

Según las estimaciones de la Red Española de Registros de Cáncer (REDECAN), en 2025 el número de cáncer de endometrio diagnosticados en España podría haber alcanzado más de 7.000 casos, convirtiéndose en el cuarto tipo de tumor más frecuente en mujeres. El tipo más frecuente de tumor de endometrio es el carcinoma de endometrio o adenocarcinoma endometrial que se inicia en las células glandulares que revisten el interior del útero o endometrio.

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Causas y factores de riesgo

Todavía no se conocen las causas específicas del cáncer de endometrio, pero se ha atribuido el riesgo de desarrollarlo a determinados factores. Tener uno o varios de estos factores de riesgo no significa que la persona vaya a padecer la enfermedad, sino que la probabilidad de desarrollarla es mayor. De igual manera, no presentar estos factores de riesgo no garantiza que no pueda aparecer.

La exposición prolongada a niveles elevados de estrógenos, como ocurre en algunas terapias de reemplazo hormonal para aliviar los síntomas de la menopausia, puede aumentar el riesgo de desarrollar cáncer de endometrio. De forma similar, el uso de tamoxifeno, empleado en el tratamiento del cáncer de mama, también se asocia a un ligero incremento de este riesgo debido a su efecto similar a los estrógenos sobre el endometrio.

Signos y síntomas

Los signos y síntomas más frecuentes son:

Aunque estos síntomas pueden aparecer por otras causas, ante la aparición de alguno de ellos, consulte a su médico.

Diagnóstico

El diagnóstico del cáncer de endometrio se realiza mediante una exploración ginecológica y pruebas como la ecografía transvaginal, que permite evaluar el grosor del endometrio y detectar posibles alteraciones.

Para confirmar el diagnóstico se realiza una biopsia del endometrio, para determinar el tipo y la extensión del tumor, adicionalmente una histeroscopia, que permite visualizar directamente el interior del útero. Para determinar la extensión del tumor fuera del útero, se realiza una resonancia magnética pélvica, TAC de tórax y abdomen.

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Tratamiento

Los tratamientos serán pautados por el equipo médico en función del tipo y estadio del tumor, así como de las características del paciente. Si el tumor se encuentra localizado, el tratamiento será una extirpación quirúrgica del útero. Según el estadio del tumor se podrá administrar quimioterapia antes y/o después del tratamiento quirúrgico, así como radioterapia o inmunoterapia.

Prevención

Actualmente no existen métodos eficaces para la detección precoz de cáncer de endometrio, por lo cual la recomendación es consultar al médico ante la presencia de sangrado vaginal anormal o algún otro de los síntomas mencionados previamente.

Cáncer de ovario

El cáncer de ovario se origina en los ovarios, órganos del aparato reproductor femenino encargados de producir óvulos y hormonas. Es el decimoprimer tipo de cáncer más frecuente en mujeres y la sexta causa de mortalidad por cáncer en mujeres. la ausencia de métodos de detección precoz. Suele diagnosticarse en mujeres mayores de 50 años, a menudo en fases avanzadas.

Definición

El cáncer de ovario tiene su origen en los ovarios, dos órganos que se encuentran en el aparato reproductor femenino a ambos lados del útero. Los ovarios se encargan de la producción de óvulos en cada ciclo menstrual y la producción de hormonas femeninas (estrógenos y progesterona) que regulan el ciclo menstrual, el embarazo y el crecimiento de las mamas.

Según las estimaciones de la Red Española de Registros de Cáncer (REDECAN), en 2025 el número de cáncer de ovario diagnosticados en España podría haber alcanzado más de 3.000 casos.

El tipo de cáncer de ovario más frecuente es el carcinoma epitelial que se origina en las células de la capa externa del ovario. Se considera la segunda causa de muerte por cáncer ginecológico ya que no hay métodos de detección precoz y en su mayoría se diagnostica a partir de los 50 años y en estadios avanzados.

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Causas y factores de riesgo

Se ha atribuido el riesgo de desarrollar cáncer de ovario a determinados factores:

Signos y síntomas

Los signos y síntomas más frecuentes son:

Aunque estos síntomas pueden aparecer por otras causas, ante la aparición de alguno de ellos, consulte a su médico.

Diagnóstico

El cáncer de ovario es frecuente que se diagnostiquen en estadios avanzados, por lo que, ante la sospecha de enfermedad, se debe realizar una exploración ginecológica para identificar la presencia de una masa pélvica. Además, se podrá realizar una analítica de sangre para medir marcadores tumorales como el CA-125, útil para apoyar el diagnóstico y para el seguimiento de la enfermedad tras el tratamiento. También se realizan pruebas de imagen, como ecografía transvaginal y TAC de tórax, abdomen y pelvis.

Para confirmar el diagnóstico, se realizará una exploración quirúrgica para la obtención de una muestra del tumor (biopsia) para poder identificar el tipo y agresividad del tumor. Este abordaje también formará parte del tratamiento.

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Tratamiento

Los tratamientos serán pautados por el equipo médico en un comité multidisciplinar en función del tipo y estadio del tumor, así como las características del paciente. La cirugía es el tratamiento principal para este tipo de cáncer. Según el tipo de tumor, el tratamiento puede complementarse con quimioterapia. En los casos en los que no se pueda extirpar completamente el tumor por cirugía, se administrará quimioterapia previa para reducir el tamaño tumoral y, facilitar su posterior extirpación quirúrgica.

Prevención

Actualmente no existen métodos eficaces para la detección precoz del cáncer de ovario. Se debe consultar al médico en caso de presentar los síntomas descritos previamente.

Cáncer de cérvix o cuello uterino

El cáncer de cérvix es un tumor del cuello del útero causado principalmente por la infección por el virus del papiloma humano (VPH). Su prevención se basa en la vacunación frente al VPH. Es el decimoquinto tipo de tumor más frecuente en mujeres, siendo más frecuente entre las mujeres jóvenes. Suele no dar síntomas en fases iniciales, por lo que el cribado y la detección precoz son fundamentales.

Definición

El cáncer de cérvix se origina por el crecimiento descontrolado de las células del cuello del útero. Es el tercer tumor ginecológico más frecuente en España, aunque su incidencia es baja gracias a los programas de cribado y a la vacunación frente al virus del papiloma humano (VPH), su principal factor de riesgo.

Según las estimaciones de la Red Española de Registros de Cáncer (REDECAN), en 2025 el número de cáncer de cérvix diagnosticados en España podría haber alcanzado más de 2.000 casos, siendo más frecuente entre las mujeres jóvenes.

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Causas y factores de riesgo

El principal factor de riesgo asociado al desarrollo de cáncer de cérvix es la infección por el virus del papiloma humano (VPH), una enfermedad de transmisión sexual que puede afectar tanto a hombres como mujeres al estar en contacto las superficies mucosas y cutáneas. Hay diferentes subtipos del VPH con menor y mayor riesgo de cáncer de cérvix, siendo el VPH-18 y VPH-16 los principales responsables de la mayor parte de casos ya que provocan cambios celulares que pueden derivar en cáncer si no se tratan a tiempo. La mayor incidencia de casos de infección por VPH se produce a los 25 años, aunque disminuye con la edad ya que suele combatirse de forma eficaz por el sistema inmune. La vacunación de mujeres entre 9-14 años y el cribado poblacional reducirán los casos de esta enfermedad. Sin embargo, la infección no es suficiente pero sí necesaria para el desarrollo del cáncer de cérvix, ya que muchos de los casos de infección se autolimitan. Otros factores de riesgo incluyen:

Signos y síntomas

Pueden presentarse los siguientes síntomas:

Diagnóstico

El diagnóstico en etapas tempranas del cáncer de cérvix requiere de programas de cribado y detección precoz, ya que en estas etapas es asintomático. La presentación de los síntomas se produce en etapas más avanzadas. Si el tumor está diseminado a otros órganos adyacentes pueden aparecer síntomas rectales, sangre en la orina (hematuria), y dolor pélvico o lumbar. En estos casos, ante la sospecha de cáncer de cérvix se realizará una exploración ginecológica para la toma de biopsia que confirme el diagnóstico. Adicionalmente, se realizará una colposcopia para visualizar vagina y cuello de útero lo cual permite localizar el área afectada.

Tras el diagnóstico del cáncer de cuello uterino, es necesario determinar si el tumor se ha extendido a estructuras cercanas o a otros órganos, con el fin de establecer el estadio de la enfermedad y planificar el tratamiento más adecuado. Entre las pruebas de imagen utilizadas para evaluar la extensión local del tumor y la posible afectación de ganglios linfáticos se encuentra la resonancia magnética pélvica. Además, TAC de tórax y abdomen para valorar la extensión de la enfermedad a otros órganos y ganglios linfáticos.

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Tratamiento

Los tratamientos serán pautados por el equipo médico en un comité multidisciplinar en función del tipo y estadio del tumor, así como las características del paciente. Cuando el diagnóstico del cáncer de cuello uterino se realiza de forma precoz y se detectan lesiones precancerosas, el tratamiento suele consistir en la extirpación del tejido afectado mediante técnicas como la conización. En estadios iniciales, el tratamiento se basa en la cirugía para extirpar el tejido tumoral. En casos más avanzados pero confinados al útero y los ganglios regionales, puede ser necesaria una cirugía más extensa, que incluye la extirpación del útero, el cuello uterino, parte de la vagina y tejidos adyacentes y posteriormente complementarse con quimioterapia y radioterapia.

Si la enfermedad se ha diseminado a otros órganos, se administran tratamientos sistémicos como quimioterapia, inmunoterapia o la combinación de ambas. En caso de lesiones metastásicas sintomáticas en hueso o en la pelvis, se puede administrar radioterapia para ayudar a controlar los síntomas.

Prevención

La prevención del cáncer de cérvix se centra en el diagnóstico precoz mediante el cribado poblacional y la vacunación preventiva frente a la infección por el virus del papiloma humano (VPH). El programa de cribado poblacional para la detección precoz y seguimiento del cáncer de cérvix en la Comunidad de Madrid (CERVICAM) está dirigido a todas las mujeres entre 25 y 65 años que tienen o han tenido relaciones sexuales.

Para más información puede consultar el siguiente enlace:

CERVICAM | Comunidad de Madrid

Cáncer de piel:

Carcinoma de piel

El carcinoma de piel es el tipo más frecuente de cáncer cutáneo y el quinto cáncer más común a nivel mundial. El principal factor de riesgo es la exposición excesiva y acumulada radiación ultravioleta, tanto solar como de fuentes artificiales. El principal signo de aparición temprana es una lesión nueva en la piel (lunar o mancha) o modificación de las preexistentes, por lo que se puede detectar de forma precoz y prevenir.

Definición

El carcinoma de piel es el tipo más frecuente de cáncer cutáneo y el quinto cáncer más común a nivel mundial. Se origina por el crecimiento descontrolado de las células de la piel expuestas a la radiación ultravioleta, ya sea procedente de la exposición solar o de fuentes artificiales de radiación. La exposición continuada a esta radiación puede favorecer la aparición de lesiones benignas denominadas queratosis actínicas, que suelen presentarse como áreas elevadas o ásperas en la piel. Estas lesiones pueden evolucionar a los primeros estadios de desarrollo tumoral (a un carcinoma in situ) y, posteriormente, adquirir capacidad infiltrativa, dando lugar a un carcinoma invasivo que, en muchos casos, es asintomático.

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Causas y factores de riesgo

El principal factor de riesgo relacionado con el cáncer de piel es la exposición excesiva al sol o a fuentes artificiales de radiación ultravioleta (lámparas ultravioletas). Sin embargo, otros factores de riesgo pueden estar implicados:

Signos y síntomas

Diagnóstico

La autoexploración para la detección de lesiones sospechosas (lunares, manchas) de cáncer de piel es importante y, ante una lesión sospechosa, deberá acudir a su médico. El médico realizará una exploración física de la piel para valorar la forma de manchas y lunares, su tamaño, textura y coloración.

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Ante una sospecha de cáncer de piel se podrá realizar una biopsia cutánea que implica la extracción de una muestra de la lesión para confirmar el diagnóstico y los posibles tratamientos posteriores.

Tratamiento

Los tratamientos serán pautados por el equipo médico en un comité multidisciplinar en función del tipo y estadio del tumor, así como las características del paciente. Al tratarse habitualmente de un tumor localizado, la principal opción terapéutica para el carcinoma de piel es la extirpación quirúrgica de la lesión, procurando controlar los márgenes tumorales y preservando la mayor cantidad posible de piel sana. La radioterapia podría utilizarse si un tumor en la piel es muy grande o se encuentra en una zona que dificulta extirparlo con una cirugía. La radioterapia también puede utilizarse para personas que no pueden (o no desean) someterse a cirugía por alguna razón.

Se podría usar quimioterapia en junto con radioterapia en caso de tumores grandes, si la cirugía no es una buena opción y si no es probable que la radiación por sí sola elimine el cáncer por completo.

Si el cáncer se ha propagado demasiado y no puede curarse con cirugía o radiación, se puede administrar quimioterapia o inmunoterapia. En lesiones muy pequeñas y con bajo riesgo de recurrencia puede recurrirse a la crioterapia, técnica que consiste en destruir las células tumorales mediante congelación con nitrógeno líquido, realizada en consulta ambulatoria.

Por otro lado, en casos de queratosis actínicas (lesiones benignas), estadios iniciales del cáncer de piel o carcinoma insitu y carcinomas superficiales localizados en las capas más externas de la piel, pueden emplearse tratamientos tópicos, como fármacos quimioterápicos o inmunomoduladores en forma de crema aplicados directamente sobre la lesión.

Prevención

El principal factor de riesgo para el desarrollo de cáncer de piel es la exposición acumulada a la radiación ultravioleta, por lo que la prevención pasa necesariamente por evitar una exposición excesiva tanto del sol (en las horas centrales del día 11-16h) como de los dispositivos artificiales de radiación (las lámparas solares y las cámaras bronceado). Asimismo, se recomienda el uso de protección solar de amplio espectro previo a la exposición al sol (al menos SPF, el uso de ropa protectora, sombreros/gorras y gafas de sol.

Melanoma

El melanoma es un tipo de cáncer de piel que se origina en los melanocitos, las células responsables de producir melanina. Aunque es el cáncer cutáneo menos frecuente, su incidencia está aumentando, principalmente debido a la exposición excesiva a la radiación ultravioleta. Es el décimo tipo de cáncer más frecuente en España.

Definición

El melanoma es un tipo de cáncer que se origina por la proliferación descontrolada de los melanocitos en la epidermis, las células que producen melanina, un pigmento que da color a la piel y contribuye a la protección frente a los rayos ultravioleta. Aunque la manifestación más frecuente de este tipo de cáncer es en la piel, la epidermis recubre también las mucosas de otras estructuras como la boca, el recto o la vagina, por lo cual también pueden desarrollarse melanomas en esas regiones.

Es el cáncer de piel menos frecuente, aunque su incidencia está aumentando en los países occidentales debido a una mayor exposición solar, el principal factor de riesgo asociado a su desarrollo.

Según las estimaciones de la Red Española de Registros de Cáncer (REDECAN), en 2025 el número de melanoma diagnosticados en España podría haber alcanzado más de 9.000 casos, convirtiéndose en el décimo tipo de cáncer más frecuente en ambos sexos.

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Causas y factores de riesgo

Los principales factores de riesgo son:

Signos y síntomas

El principal síntoma o signo de inicio de melanoma es el cambio en tamaño, forma y coloración de un lunar previamente existente o la aparición de uno nuevo de bordes irregulares y crecimiento progresivo. Si el cáncer se disemina y alcanza otras estructuras (otros órganos y ganglios linfáticos) pueden aparecer otros síntomas relacionados con los órganos comprometidos.

Ante cambios en lunares existentes o la aparición de nuevos bultos pigmentados, consulte con su médico.

Diagnóstico

Ante la sospecha clínica de un posible melanoma, se lleva a cabo una exploración física basado en la regla del ABCD: Asimetría (la lesión no es redondeada), Bordes imprecisos o irregulares, Color cambiante (la lesión no tiene un color homogéneo) y Diámetro superior a 6 mm.

Una vez confirmada la presencia de la lesión, se realiza una biopsia para confirmar el diagnóstico. Al tener la certeza diagnóstica, se debe estudiar la presencia de metástasis. Si no se presenta enfermedad metastásica, se debe realizar resección amplia de la lesión incluyendo los márgenes alrededor de la lesión y el estudio del ganglio centinela (ubicado en la región anatómica más cercana a la lesión primaria) para evaluar su extensión a nivel ganglionar y definir el pronóstico. La analítica de sangre para medir los niveles de lactato deshidrogenasa (LDH), una sustancia presente en sangre cuyos niveles elevados se correlacionan con el crecimiento tumoral y ayudan a establecer el pronóstico. Las pruebas de imagen complementarias recomendadas para estudiar la extensión del melanoma a otras estructuras incluyen el PET, TAC de tórax y abdomen y la resonancia magnética o TAC de cerebro.

Tratamiento

Los tratamientos serán pautados por el equipo médico en un comité multidisciplinar en función del tipo y estadio del tumor, así como las características del paciente. El principal tratamiento para el melanoma localizado es la extirpación amplia del tumor y los márgenes que lo rodean. Además, se hará una biopsia del ganglio centinela para determinar la extensión del tumor y el pronóstico. En el caso de enfermedad metastásica el tratamiento sistémico con inmunoterapia combinada es la elección, en caso de presencia de mutación de BRAF también puede administrarse terapia dirigida. La radioterapia puede administrarse en caso de lesiones metastásicas sintomáticas.

Prevención

La principal forma de prevención del melanoma es evitar la exposición al sol y a las fuentes de luz ultravioleta como camas de bronceado y otros dispositivos de luz ultravioleta. Además, es importante acudir al dermatólogo ante la sospecha de nuevos lunares o lesiones anormales en la piel y el uso de protección solar frente a la radiación ultravioleta con protector solar de amplio espectro con al menos un SPF de 30.

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Cáncer de tiroides

El cáncer de tiroides es el tumor endocrino más frecuente y se origina por el crecimiento anormal de las células de la glándula tiroides. Factores como la exposición a radiación, antecedentes familiares, alteraciones genéticas, obesidad y trastornos tiroideos aumentan el riesgo. Su principal signo de alerta es la aparición de un nódulo o bulto en el cuello, acompañado en ocasiones de cambios en la voz, dificultad para tragar o dolor.

Definición

El cáncer de tiroides se origina por el crecimiento descontrolado de las células de la tiroides, una glándula endocrina en forma de mariposa ubicada en el cuello. La tiroides se encarga de producir hormonas a partir del yodo e interviene en el desarrollo y metabolismo de nuestro cuerpo, controlando procesos como la temperatura corporal, la frecuencia cardiaca, los niveles de colesterol o de glucosa e influyen en el nivel energético y peso corporal.

Es el cáncer endocrino más frecuente, aunque su incidencia es muy baja, representando el 3% de la incidencia mundial de cáncer. El subtipo más frecuente de cáncer tiroideo es el carcinoma papilar de tiroides caracterizado por un crecimiento lento y buen pronóstico.

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Según las estimaciones de la Red Española de Registros de Cáncer (REDECAN), en 2025 el número de cáncer de tiroides diagnosticados en España podría haber alcanzado más de 6.000 casos.

Causas y factores de riesgo

Aunque no se conocen las causas del cáncer de tiroides, se ha atribuido su desarrollo a determinados factores de riesgo:

Signos y síntomas

Los principales signos y síntomas de sospecha de cáncer de tiroides son:

Aunque la mayor parte de los nódulos tiroideos son benignos, ante la aparición de cualquiera de estos síntomas acuda a su médico.

Diagnóstico

El diagnóstico de cáncer de tiroides comienza con la detección de un bulto o nódulo tiroideo mediante una exploración física y la observación de síntomas, antecedentes y el historial médico del paciente. Dado que la mayor parte de los nódulos tiroideos son benignos, para confirmar el diagnóstico se realizan pruebas complementarias para evaluar la función y el estado de la glándula tiroidea. Se podrá realizar una ecografía cervical y tiroidea que permite identificar la naturaleza de los nódulos en la tiroides (sólidos o quistes), su tamaño y la presencia de afectación de ganglios. Otras pruebas como la analítica de sangre permitirán medir los niveles de hormonas y proteínas tiroideas (hormona estimulante de la tiroides (TSH), T3, T4 y tiroglobulina) y pueden utilizarse para la sospecha de cáncer de tiroides, ya que pueden estar elevadas ante otras situaciones como por inflamación de la tiroides.

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Ante un nódulo tiroideo identificado con la ecografía, se analiza mediante una biopsia que consiste en una punción y aspiración de muestra de la tiroides para confirmar el diagnóstico y determinar el tipo de tumor. En base a estos parámetros se puede clasificar:

El estadio del cáncer se clasifica del 0 al IV, en función del tamaño del tumor, la y diseminación a otros órganos y tejidos.

Otras pruebas diagnósticas, como la gammagrafía tiroidea, permiten evaluar el funcionamiento de la glándula y detectar posibles alteraciones asociadas a la presencia de un tumor.

Si se confirma el diagnóstico de cáncer tiroideo, se realizarán pruebas de imagen que determinen la presencia de extensión a otros órganos como el TAC cervical, torácico y abdominal, y la gammagrafía ósea (GGO) que ofrecen imágenes detalladas de órganos y tejidos a los que se ha podido diseminar el tumor.

Tratamiento

Los tratamientos serán pautados por el equipo médico en un comité multidisciplinar en función del tipo y estadio del tumor, así como las características del paciente. Generalmente este tipo de tumores se encuentran localizados y el tratamiento de elección es la cirugía para la extirpación total o parcial o total de la tiroides y de los ganglios en caso de afectación. Tras la intervención quirúrgica, se valorará el riesgo de recidiva del cáncer, para administrar tratamientos complementarios como el yodo radioactivo o la radioterapia. Además, el tratamiento se completará con la administración de hormona tiroidea para suplir la función de la tiroides que fue resecada y que debe tomarse por el resto de la vida. El seguimiento se realizará con pruebas de imagen y de toma de hormonas tiroideas periódicos.

En caso de enfermedad metastásica recurrente que no responda a la terapia con yodo o el tratamiento hormonal, se valorará la administración de quimioterapia o terapia blanco dirigida dependiendo de las características del tumor.

Prevención

Aunque la mayor parte del cáncer de tiroides no tengan una causa conocida, hay factores de riesgo que pueden evitarse como la exposición a radiación ionizante y fomentar el seguimiento de las personas con elevado riesgo de desarrollo por antecedentes familiares o factores genéticos asociados a este tipo de cáncer.

Tumores del Sistema Nervioso Central

Los tumores del Sistema Nervioso Central se originan en el cerebro o la médula espinal y pueden ser primarios o consecuencia de metástasis de otros cánceres. Aunque son poco frecuentes, su gravedad varía desde tumores de crecimiento lento hasta formas más agresivas. En España, representan el 2% de los casos totales diagnosticados de cáncer en adultos.

Definición

Los tumores del Sistema Nervioso Central son aquellos que se originan por el crecimiento descontrolado de las células del sistema nervioso (cerebro y médula espinal). Pueden ser primarios, si se originan en el propio cerebro, o secundarios son resultado de la metástasis de otros tumores como pulmón o mama. Además, según su grado de agresividad se pueden clasificar en una escala de grado I (menos agresivos y de crecimiento lento) a grado IV (son los más agresivos, infiltrativos con rápido crecimiento y peor pronóstico).

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En España, representan el 2% de los casos totales diagnosticados de cáncer en adultos. Según las estimaciones de la Red Española de Registros de Cáncer (REDECAN), en 2025 el número de cáncer del encéfalo y sistema nervioso diagnosticados en España podría haber alcanzado más de 4.000 casos.

Causas y factores de riesgo

Las causas y los factores de riesgo para el desarrollo de tumores cerebrales no están del todo claro, sin embargo, se han identificado algunos factores asociados:

Signos y síntomas

Los síntomas de los tumores cerebrales dependen de la localización del tumor, pero los más frecuentes son:

Aunque estos síntomas puedan ser inespecíficos, ante la aparición de cualquiera de ellos acuda a su médico.

Diagnóstico

El diagnóstico de cáncer del Sistema Nervioso Central comienza con una exploración física y neurológica del paciente para evaluar los signos y síntomas. Sin embargo, las principales pruebas de diagnóstico de los tumores cerebrales son las pruebas de imagen que permiten determinar la extensión del tumor y las zonas afectadas para planificar los posibles tratamientos. Algunas de estas pruebas son la resonancia magnética cerebral con contraste (es la principal prueba diagnóstica de imagen), TAC y PET.

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La toma de biopsia determinará el tipo de células tumorales. Si en las imágenes se observan lesiones tumorales en la médula espinal, también estaría indicado tomar muestra de líquido cefalorraquídeo. En base a los resultados de la biopsia y/o el estudio del líquido cefalorraquídeo los tumores se pueden clasificar:

Tratamiento

Los tratamientos serán pautados por el equipo médico en un comité multidisciplinar en función del tipo y estadio del tumor, así como las características del paciente

En los tumores del sistema nervioso central, la cirugía suele ser el tratamiento inicial siempre que sea posible, ya que permite extirpar la mayor cantidad de tumor posible y confirmar el diagnóstico. En los tumores de bajo grado de malignidad, tras la cirugía puede ser necesario realizar seguimiento o complementar el tratamiento con radioterapia y/o quimioterapia según las características del tumor y del paciente. En los tumores de alto grado de malignidad, el tratamiento suele consistir en cirugía seguida de radioterapia y quimioterapia. Cuando la cirugía no es posible por el tamaño tumoral y las secuelas neurológicas que podrían generarse, se valoran otras opciones terapéuticas, como la radioterapia, la quimioterapia o la combinación de ambas.

Prevención

La mayor parte de los factores de riesgo para el desarrollo de los tumores cerebrales no son modificables, por lo que no existe un programa de prevención específico para estos tumores, más allá de las recomendaciones de hábitos saludables como norma general para mejorar la calidad de vida.

Cánceres Hematológicos:

Linfomas

Los linfomas son cánceres hematológicos que se originan a partir del crecimiento descontrolado de los linfocitos o glóbulos blancos, células del sistema inmunológico. Existen dos grandes tipos: linfoma de Hodgkin y linfoma no Hodgkin, siendo este último el más frecuente. Los síntomas más habituales incluyen aumento de tamaño de los ganglios, fiebre persistente, sudoración nocturna, pérdida de peso inexplicada y cansancio.

Definición

Los linfomas son un grupo muy amplio de tumores hematológicos originados a partir del crecimiento descontrolado de los linfocitos o glóbulos blancos, células del sistema inmunológico. Los glóbulos blancos se producen en la médula ósea y se distribuyen por todo el organismo a través del sistema linfático para acceder a la sangre, los ganglios, el bazo o amígdalas. Cuando los linfocitos comienzan a proliferar de forma descontrolada se acumulan en los ganglios, provocando el aumento de su tamaño, típicamente en ingles, axilas y cuello, o pueden extenderse a la sangre, bazo o cualquier otro órgano.

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En España se diagnostican 10 nuevos casos de linfoma por cada 100.000 habitantes al año, por lo que es una enfermedad poco frecuente. Según las estimaciones de la Red Española de Registros de Cáncer (REDECAN), en 2025 el número de linfomas diagnosticados en España podría haber alcanzado más de 10.000 casos.

Se pueden diferenciar dos tipos principales según las características de las células de origen: el linfoma de Hodgkin, una enfermedad poco frecuente que afecta principalmente a personas jóvenes, y el linfoma no Hodgkin, el cáncer hematológico más común y el séptimo tipo de cáncer más frecuente en ambos sexos. En los últimos años, la investigación ha avanzado en el desarrollo de nuevas terapias que han mejorado el pronóstico de las personas que padecen linfoma.

Causas y factores de riesgo

Aunque actualmente no se conozcan las causas específicas del linfoma, se ha asociado el incremento en la probabilidad de desarrollarlo a los siguientes factores de riesgo:

Signos y síntomas

Dependen de si el tipo de linfoma es agresivo o indolente:

Los principales signos y síntomas son:

Aunque estos síntomas puedan ser inespecíficos, ante la aparición de cualquiera de ellos acuda a su médico.

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Diagnóstico

Para el diagnóstico del linfoma, se realiza inicialmente una exploración física del paciente junto con la historia clínica, signos y síntomas notificados por el paciente, así como una biopsia de los ganglios que han aumentado de tamaño para confirmar el diagnóstico.

El estudio de la extensión del tumor se realiza mediante pruebas de imagen que incluyen TAC o PET/TAC. Se podrá realizar una biopsia de médula ósea como parte de la estadificación del tumor, una analítica de sangre, así como serología para evaluar la presencia de posibles infecciones virales que podrían estar implicadas con el desarrollo del linfoma.

Tratamiento

Los tratamientos serán pautados por el equipo médico en un comité multidisciplinar en función del tipo y estadio del tumor, así como las características del paciente. De forma general, el tratamiento principal para el linfoma es la quimioterapia o en combinación con la radioterapia o inmunoterapia en función del tipo de linfoma. En algunos casos se puede plantear el trasplante de médula, procedimiento médico que reemplaza células sanguíneas dañadas por el cáncer o por tratamientos como quimioterapia o radioterapia, con células madre sanas, permitiendo recuperar la función de la médula ósea y reforzar el sistema inmunitario.

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En los últimos años se ha producido un avance en las terapias innovadoras para el tratamiento de las enfermedades hematológicas como el linfoma. La terapia CAR-T es un ejemplo de ello, ya que a partir de la modificación genética de las propias células del sistema inmune del paciente (linfocitos T) que reconocen y destruyen de forma específica las células tumorales. No obstante, este tipo de tratamiento está aprobado en situaciones específicas bajo valoración médica.

Prevención

Actualmente no existe una forma conocida de prevenir la mayor parte de los casos diagnosticados por leucemia, más allá de las recomendaciones de hábitos saludables como norma general para mejorar la calidad de vida

Leucemia

La leucemia es un cáncer de la sangre que se produce por el crecimiento descontrolado de los glóbulos blancos en la médula ósea, alterando la producción normal de las células sanguíneas. Puede ser aguda o crónica, y afectar a células mieloides o linfoides, lo que determina su evolución, tratamiento y pronóstico.

Definición

La leucemia es un grupo heterogéneo de enfermedades de la sangre que se caracteriza por el crecimiento descontrolado de los glóbulos blancos. Estas células, producidas en la médula ósea, son fundamentales para la defensa del organismo frente a infecciones. Sin embargo, cuando su producción se altera y se multiplica sin control, puede desencadenarse una enfermedad grave.

Según las estimaciones de la Red Española de Registros de Cáncer (REDECAN), en 2025 el número de leucemias diagnosticadas en España podría haber alcanzado más de 6.000 casos.

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Según la velocidad con la que se presenta y avanza la enfermedad, las leucemias se dividen en dos grandes grupos: agudas y crónicas. Las leucemias agudas tienen un desarrollo rápido y requieren atención médica inmediata, mientras que las crónicas progresan de forma más lenta y pueden pasar desapercibidas durante largos períodos. Además, la clasificación de la leucemia también depende del tipo de célula sanguínea afectada. Así, encontramos leucemias mieloides, que afectan principalmente a las células precursoras de glóbulos rojos, plaquetas y ciertos glóbulos blancos; y leucemias linfoides, que afectan a los linfocitos, un tipo específico de glóbulos blancos encargados de la inmunidad.

Estas diferencias son fundamentales para el diagnóstico, tratamiento y pronóstico de la enfermedad. En los últimos años, la investigación ha avanzado en el desarrollo de nuevas terapias que ofrezcan resultados a las personas que padecen leucemia.

Causas y factores de riesgo

Las leucemias se originan por alteraciones del ADN en las células progenitoras de células sanguíneas en la médula ósea, es decir, las células que generan todos los tipos de células sanguíneas. Las mutaciones en el ADN hacen que estas células proliferen de forma descontrolada, perdiendo su función e iniciando un proceso tumoral. Además, se pueden identificar factores de riesgo que aumentan las probabilidades de desarrollar estas enfermedades:

Signos y síntomas

Aunque la presentación de síntomas es diferente entre los distintos tipos de leucemia, hay síntomas comunes. En las leucemias agudas los síntomas aparecen de forma repentina y con una progresión rápida mientras que en las leucemias crónicas los síntomas aparecen lentamente y de forma progresiva. Los síntomas más habituales son:

Ante la presentación de estos síntomas de forma persistente, consulte con su médico.

Diagnóstico

El diagnóstico de leucemia por el profesional sanitario comienza con una valoración sobre la severidad y duración de los síntomas notificados por el paciente, así como una exploración física para la detección de hematomas, dolores o fiebre. Tras esta valoración, el médico puede solicitar una analítica de sangre para valorar el número de células sanguíneas. En las leucemias, es común detectar un aumento significativo de glóbulos blancos, células encargadas de defender al organismo, pero que en esta enfermedad se producen en exceso. Al mismo tiempo, se produce una disminución de glóbulos rojos y plaquetas, lo que da lugar a los síntomas de anemia, hemorragia o cansancio.

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Sin embargo, para la confirmación del diagnóstico se tendrá que realizar una biopsia de la médula ósea. Este procedimiento consiste en extraer una pequeña muestra del líquido que hay en el interior de los huesos, donde se generan las células sanguíneas. La muestra obtenida se analiza en el laboratorio para estudiar las características de las células y establecer con precisión el diagnóstico. De esta manera, el equipo médico puede planificar el tratamiento más adecuado para cada caso. También pueden utilizarse pruebas de imagen como escáner, radiografías o ecografías para evaluar la extensión a otros órganos o tejidos.

Tratamiento

Los tratamientos serán pautados por el equipo médico en función del tipo y estadio del tumor, así como las características del paciente. El principal tratamiento es la quimioterapia, aunque otros tratamientos como las terapias dirigidas o la inmunoterapia están teniendo un gran avance en los últimos años como es el ejemplo de la tecnología CAR-T. Esta terapia es un tipo de inmunoterapia que modifica genéticamente un tipo de células del sistema inmunológico del propio paciente (linfocitos T) para que reconozcan y destruyan células tumorales. No obstante, este tipo de tratamiento está aprobado en situaciones específicas bajo valoración médica.

El trasplante de médula ósea también puede llevarse a cabo como terapia complementaria a la quimioterapia para evitar que el cáncer vuelva a aparecer tras el tratamiento y, por tanto, aumentar la efectividad del tratamiento. Es un procedimiento médico que reemplaza células sanguíneas dañadas por el cáncer por células madre sanas, permitiendo recuperar la función de la médula ósea y reforzar el sistema inmunitario.

Prevención

No existe una forma conocida de prevenir la mayor parte de los casos diagnosticados por leucemia, más allá de los factores de riesgo que se han asociado a las leucemias y las recomendaciones de hábitos saludables como norma general para mejorar la calidad de vida.

Mieloma múltiple

El mieloma múltiple es un cáncer hematológico que se origina por la proliferación descontrolada de células plasmáticas en la médula ósea y afecta principalmente a personas de edades avanzadas. En sus fases iniciales el mieloma múltiple puede no producir síntomas, pero a medida que avanza puede causar dolor óseo, fracturas, anemia, infecciones frecuentes, insuficiencia renal y elevación del calcio en sangre.

Definición

El mieloma múltiple es un tipo de cáncer que se origina por el crecimiento descontrolado de las células plasmáticas en la médula ósea. Las células plasmáticas son un tipo de glóbulo blanco que se origina a partir de los linfocitos B. Su función principal y más crítica es producir anticuerpos (inmunoglobulinas) para defender al organismo contra virus, bacterias y otros patógenos. Se trata del segundo cáncer hematológico más frecuente y suele diagnosticarse, principalmente, en personas de edad avanzada, con mayor incidencia entre los 65 y los 70 años.

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Según las estimaciones de la Red Española de Registros de Cáncer (REDECAN), en 2025 el número de mielomas diagnosticados en España podría haber alcanzado más de 3.000 casos, representando aproximadamente el 1% de todos los cánceres diagnosticados.

Causas y factores de riesgo

No se conocen los agentes o factores que supongan un riesgo para la predisposición al desarrollo de la enfermedad a excepción del envejecimiento con el debilitamiento progresivo del sistema inmune.

Signos y síntomas

El mieloma múltiple puede presentarse de forma asintomática en los estadios iniciales en los que los pacientes no acuden a consulta al no presentar síntomas o molestias. Sin embargo, la detección puede llevarse a cabo por pruebas rutinarias. Cuando el tumor avanza aparecen los siguientes signos y síntomas:

Ante la aparición de estos síntomas, consulte o acuda al médico.

Diagnóstico

El diagnóstico temprano del mieloma múltiple es complejo y, en muchos casos, se detecta de forma incidental durante la realización de otras pruebas médicas rutinarias. Ante la sospecha de mieloma múltiple, se lleva a cabo una analítica de sangre completa para evaluar el estado general de salud del paciente, incluyendo un estudio de proteínas. Asimismo, se realiza una analítica de orina para valorar la función renal.

Para confirmar el diagnóstico, se efectúa una biopsia y aspiración de médula ósea con el fin de detectar células plasmáticas malignas y analizarlas microscópicamente en el laboratorio. Además, las lesiones o fracturas óseas asociadas al mieloma múltiple pueden identificarse mediante pruebas de imagen como radiografías, resonancia magnética, TAC o PET/TAC.

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Tratamiento

Actualmente no existe un tratamiento efectivo para la cura del mieloma múltiple. Sin embargo, en los últimos años han surgido combinaciones de fármacos efectivas para frenar la evolución de la enfermedad y reducir sus síntomas. Los tratamientos serán pautados por el equipo médico en función del tipo y estadio del tumor, así como las características del paciente.

Prevención

Dado que no se conocen los agentes o factores específicos que supongan un riesgo para la predisposición al desarrollo de la enfermedad, no es posible la prevención de la enfermedad más allá de las recomendaciones de hábitos saludables como norma general para mejorar la calidad de vida.

Cáncer de Cabeza y cuello

Los cánceres de cabeza y cuello incluyen tumores que se originan en la cavidad oral, faringe, laringe, senos paranasales y glándulas salivares, y representan alrededor del 5% de los cánceres diagnosticados en España. Los principales factores de riesgo son el consumo de tabaco y alcohol, aunque también influyen algunas infecciones virales crónicas.

Definición

Los cánceres de cabeza y cuello representan el 5% de todos los tumores diagnosticados en España y abarcan los tumores malignos que se originan en la faringe, laringe, senos paranasales, cavidad oral, labio, lengua y glándulas salivares.

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Causas y factores de riesgo

Los factores de riesgo más importantes son:

Además, pueden incluirse otros factores como:

Signos y síntomas

En función de la localización del tumor, se pueden diferenciar:

Diagnóstico

El diagnóstico de cáncer de cabeza y cuello comienza por una exploración física y otorrinolaringológica (deglución, fonación, audición, respiración) así como valorar la historia clínica completa del paciente para detectar casos de infección por virus Epstein-Barr y virus del papiloma humano (VPH). Se debe realizar una biopsia para confirmar el diagnóstico.

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Para evaluar la extensión del tumor, se realizarán pruebas de imagen como TAC de cabeza, cuello y tórax, resonancia magnética cervical y PET-TAC en estadios avanzados.

Tratamiento

Los tratamientos serán pautados por el equipo médico en un comité multidisciplinar en función del tipo y estadio del tumor, así como las características del paciente. Los tratamientos principales para estos tipos de tumores son la cirugía combinada con radioterapia o quimioterapia. En caso de que la cirugía implique importantes secuelas funcionales o que el tumor esté en estadios avanzados y no pueda ser operado, la opción terapéutica es la radioterapia sola o en combinación con la quimioterapia.

Prevención

Actualmente, no existen programas eficaces para la detección precoz y prevención del cáncer de cabeza y cuello, más allá de las recomendaciones de hábitos saludables como norma general para mejorar la calidad de vida.

Sarcomas

Los sarcomas son tumores poco frecuentes que se originan en los tejidos blandos de sostén del organismo, como músculos, grasa, tendones, vasos sanguíneos o nervios. Suponen el 1% de los tumores malignos y el 2% de las causas de mortalidad asociadas al cáncer.

Definición

Los sarcomas son tumores poco frecuentes de tejidos blandos originados en el tejido conectivo de partes blandas, es decir, tejido de sostén del organismo como el tejido adiposo, muscular, tendinoso, vasos sanguíneos, tejidos profundos de la piel y nervios, excluyendo huesos y cartílagos.

Suponen el 1% de los tumores malignos y el 2% de las causas de mortalidad asociadas al cáncer. Este tipo de tumores pueden aparecer en cualquier parte del cuerpo, siendo más frecuente en las extremidades, tronco, cabeza y cuello y retroperitoneo (posterior a la cavidad abdominal).

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Causas y factores de riesgo

Aunque no se conocen con exactitud las causas o factores específicos que predisponen al desarrollo del sarcoma, en algunos casos se ha observado asociación con determinados síndromes hereditarios poco frecuentes. Entre ellos destaca la neurofibromatosis, un trastorno genético que favorece el crecimiento de tumores en el sistema nervioso y puede producir alteraciones en la piel y los huesos. Otro factor relacionado con un mayor riesgo de desarrollar sarcoma es la exposición previa a radioterapia años antes de la aparición del tumor.

Signos y síntomas

Los síntomas más frecuentes son:

Ante la aparición de alguno de estos síntomas, consulte con su médico.

Diagnóstico

Ante la aparición de un bulto en los tejidos blandos, se realizará una exploración física junto con la historia clínica detallada para evaluar la evolución del bulto, incluyendo aspectos como el tamaño (tumores mayores de 5 cm) o la localización (en extremidades o pared del tronco, retroperitoneales, superficiales de rápido crecimiento o profundos).

Ante la sospecha de un tumor de tejidos blandos, se llevará a cabo una resonancia magnética nuclear (RMN), que permite confirmar la presencia del tumor, así como valorar su tamaño y extensión. Además, se realizará una biopsia, que consiste en la extracción de una muestra del tumor, con el objetivo de determinar la presencia de células tumorales, confirmar el diagnóstico, determinar el tipo de tumor mediante análisis en el laboratorio y planificar los tratamientos posteriores.

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Tratamiento

Los tratamientos serán pautados por el equipo médico en un comité multidisciplinar en función del tipo y estadio del tumor, así como las características del paciente.

Cuando el tumor se diagnostica en estadios iniciales y está localizado en las extremidades, el tratamiento principal suele ser la cirugía para extirpar el tumor. Si no se puede operar, puede administrarse previamente quimioterapia y/o radioterapia con el objetivo de reducir su tamaño y facilitar posteriormente la intervención quirúrgica. Tras la cirugía, también puede emplearse quimioterapia o radioterapia complementarias para eliminar posibles células tumorales residuales.

En los casos diagnosticados en estadios más avanzados con presencia de metástasis, siendo el pulmón el lugar más frecuente, el tratamiento quirúrgico puede utilizarse para extirpar las metástasis en algunos casos seleccionados según las características del paciente y de la enfermedad. Cuando la cirugía de las metástasis no es posible, se administra quimioterapia con el objetivo de reducir el tamaño del tumor y controlar los síntomas por la enfermedad metastásica.

Prevención

Actualmente, no existen programas eficaces para la detección precoz y prevención del sarcoma, más allá de las recomendaciones de hábitos saludables como norma general para mejorar la calidad de vida.

Tratamiento y su manejo

El tratamiento farmacológico es una parte muy importante del manejo de su enfermedad. Comprender en qué consiste el tratamiento, sus objetivos y saber cómo manejarlo le permitirá participar de forma activa en su cuidado y afrontar el proceso con mayor seguridad y confianza.

El tratamiento siempre se adapta a las características de la enfermedad, al estado general de salud, a la edad, a los tratamientos previos y a las necesidades de cada persona. Su equipo de Oncología o Hematología elaborará un plan terapéutico personalizado y realizará un seguimiento continuo para valorar la evolución y realizar los cambios necesarios.

¿Qué tratamientos puede recibir?

Actualmente existen diferentes tratamientos para las enfermedades oncológicas y hematológicas. En algunas ocasiones se utiliza uno solo y en otras se combinan varias terapias para obtener el mejor resultado posible.

Entre los tratamientos más frecuentes se encuentran:

Además del tratamiento específico frente a la enfermedad, es habitual recibir otros medicamentos destinados a prevenir infecciones, controlar las náuseas, aliviar el dolor, tratar la anemia o reducir otros efectos secundarios asociados al tratamiento.

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La importancia de seguir correctamente el tratamiento

Para que el tratamiento sea lo más eficaz posible es importante seguir las indicaciones del equipo sanitario.

Si recibe medicación en casa, tómela exactamente como se le ha prescrito, respetando las dosis y los horarios. No suspenda ni modifique el tratamiento por iniciativa propia, aunque se encuentre mejor o aparezcan molestias. Tampoco inicie otros medicamentos, vitaminas, suplementos o productos de herbolario sin consultarlo previamente, ya que algunos pueden disminuir la eficacia del tratamiento o aumentar el riesgo de efectos adversos.

Si olvida una dosis o tiene dificultades para tomar la medicación, consulte con su equipo sanitario o con el Servicio de Farmacia antes de realizar cualquier cambio.

El farmacéutico hospitalario forma parte del equipo que participa en su tratamiento. Su labor consiste en revisar que la medicación sea la más adecuada para usted, comprobar que las dosis sean correctas, detectar posibles interacciones entre los distintos medicamentos y otros productos medicinales o de herbolario, si toma alguno. Además, le proporcionará información sobre cómo tomar correctamente su tratamiento, como conservarlo, qué hacer si olvida alguna dosis y qué efectos adversos pueden aparecer, ayudándole a resolver cualquier duda relacionada con la medicación, para que el tratamiento sea lo más seguro y eficaz posible. También se encarga de la revisión y preparación de su medicación intravenosa que se administra en el Hospital de día Médico.

Lleve a las consultas una lista actualizada de la medicación que toma y anote las dudas o síntomas que hayan aparecido desde la visita anterior. Esta información ayudará a su equipo sanitario a ofrecerle una atención más personalizada.

Posibles efectos secundarios

Los tratamientos oncológicos y hematológicos pueden producir efectos secundarios, aunque no todas las personas los presentan ni con la misma intensidad. La mayoría son temporales y existen medidas para prevenirlos o tratarlos.

Entre los efectos secundarios más frecuentes se encuentran el cansancio, las náuseas o los vómitos, la pérdida de apetito, la diarrea o el estreñimiento, las alteraciones en la boca, la caída del cabello (según el tratamiento), los cambios en la piel y el descenso de las defensas, de los glóbulos rojos o de las plaquetas.

Es importante comunicar cualquier síntoma nuevo o cualquier efecto secundario que interfiera con su vida diaria. Cuanto antes lo conozca el equipo sanitario, antes podrá ofrecerle el tratamiento más adecuado para aliviarlo.

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Señales de alarma

Durante el tratamiento existen situaciones que requieren contactar con el hospital o acudir a Urgencias sin esperar a la siguiente consulta.

Debe solicitar atención médica si presenta:

No dude en consultar siempre que tenga dudas sobre su estado de salud.

Seguimiento

Tras finalizar el tratamiento, se realizarán revisiones periódicas para comprobar la respuesta al tratamiento, detectar de forma precoz una posible recaída o reaparición del cáncer y abordar los efectos secundarios que puedan persistir o aparecer con el tiempo. Aunque el tratamiento haya acabado, existe la posibilidad de que el cáncer vuelva a aparecer, por lo que el seguimiento de la enfermedad es esencial.

El riesgo de reaparición de la enfermedad disminuye con el paso del tiempo, por ello, las revisiones serán más frecuentes durante los dos primeros años, comenzando a espaciarse a partir del tercer año y, posteriormente de forma anual. No obstante, la frecuencia dependerá de cada caso y su equipo médico le indicará cuándo y qué tipo de pruebas deberá hacerse para su seguimiento.

Es importante que durante estas revisiones informe al equipo médico sobre cualquier síntoma o efecto secundario relacionado con el tratamiento, como cansancio, pérdida de apetito, dolor u otras molestias. La comunicación de estos síntomas permite establecer medidas de apoyo y tratamientos que contribuyan a mejorar la calidad de vida.

Instrucciones Previas

Las Instrucciones Previas, conocidas en otras comunidades autónomas como voluntades anticipadas o últimas voluntades, es un documento en el que se recogen las preferencias del paciente acerca de las actuaciones sanitarias que desea recibir o rechazar en el momento en que llegue a determinadas situaciones clínicas que le impidan expresar su voluntad personalmente.

Para realizarlas razonablemente, se debe tener información suficiente y comprensible sobre dichas actuaciones, y saber en qué situaciones se desea que se tengan en cuenta.

Si usted va a otorgar un documento de Instrucciones Previas, en primer lugar, realice una reflexión personal, libre y responsable, con el asesoramiento de los profesionales sanitarios que correspondan. Conocer las preferencias ayuda al sanitario y al representante designado a interpretar estas instrucciones y a planificar la atención. La historia de valores vitales ayudará a la persona a tomar estas decisiones, pues guían el resultado que se espera obtener con las instrucciones que se declaren.

Las instrucciones previas deben contener información suficiente y comprensible sobre en qué situaciones usted desea que se realicen determinadas actuaciones relacionadas con la asistencia sanitaria. Además, es un procedimiento administrativo de la Comunidad de Madrid sin coste económico.

Puede encontrar más información en la web de la Comunidad de Madrid: Instrucciones Previas y en el Servicio de Información y Atención al Paciente.

Hábitos de vida saludables

Los hábitos de vida saludable suponen un factor esencial en el cuidado del paciente durante su proceso oncológico. Mantener una alimentación equilibrada y realizar ejercicio físico de forma regular, adaptados a las necesidades y capacidades de cada paciente, puede contribuir a reducir los efectos secundarios de los tratamientos, mejorar la calidad de vida y el bienestar emocional, así como favorecer la recuperación y el mantenimiento de un mejor estado general de salud.

Entre las pautas recomendadas para seguir un estilo de vida saludable, se recomienda:

Realizar ejercicio físico de forma regular. Aunque el ejercicio puede requerir un esfuerzo importante, realizar una actividad física puede ser beneficioso durante su proceso oncológico. Es frecuente que los pacientes experimenten cansancio o una sensación de agotamiento físico y emocional durante el tratamiento. Por ello, es importante descansar siempre que sea necesario, mantener una rutina regular de sueño, reducir el consumo de sustancias estimulantes, como la cafeína y realizar ejercicio físico.

La Organización Mundial de la Salud recomienda realizar una actividad física moderada o intensa en función de las capacidades y rango de edad de los pacientes, siempre que no esté contraindicado por su equipo médico.

Consulte con su equipo médico las recomendaciones de ejercicio físico adaptado a sus necesidades y capacidades.

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Mantener una alimentación saludable. Durante su proceso oncológico puede que experimente algunos efectos secundarios que afecten a su ingesta de alimentos. Es importante que mantenga una alimentación saludable para que le ayude a conservar su energía, su peso, tolerar mejor los efectos secundarios del tratamiento y que favorezcan su recuperación.

Si le cuesta comer, experimenta náuseas y vómitos, dificultad para tragar o tiene alteraciones en la frecuencia de las deposiciones, consulte con su equipo médico.

Además, hay otras recomendaciones que pueden contribuir a mejorar la calidad de vida del paciente:

Evitar, en la medida de lo posible, hábitos tóxicos como el consumo de tabaco y alcohol, ya que ambos hábitos han sido relacionados con el riesgo de desarrollar cáncer. Puede consultar a su equipo médico si lo necesita.

Mantener una higiene personal adecuada. El tratamiento puede provocar alteraciones en la piel. Puede volverse más seca, irritable, sentir picor, enrojecimiento e incluso sufrir erupciones cutáneas durante el tratamiento o varios meses después. También puede provocarse inflamación en el tracto digestivo, provocando sequedad de la boca, dolor o quemazón. Por ello, lávese las manos con frecuencia, mantenga una higiene bucal adecuada lavándose los dientes después de cada comida, utilice jabones suaves de pH neutro y utilice crema hidratante después de la ducha.

Uso de protección solar. El tratamiento puede potenciar los efectos del sol sobre la piel, por lo que se vuelve más sensible y puede quemarse con facilidad. Por ello, evite la exposición solar a las horas de más intensidad (12h-16h), utilice protección solar con cremas de protección elevada (+50) y protéjase la cabeza y la piel del sol con sombreros, gorros, pañuelos y ropa que cubra la piel.